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“Las historias me fueron encontrando a mí” Entrevista a Alisa Lein

El oficio de escribir: su llegada, el lugar que ocupa y cómo se desarrolla. Un recorrido alrededor de la vida como escritora de Alisa Lein, autora de “Los invencibles”.

Etapa universitaria. En una materia relacionada con Historia, Alisa entrega un trabajo de análisis arquitectónico acerca de la arquitectura de un museo. Al final de ese trabajo, anexa un cuento. El profesor, desconcertado por lo atípico, le pregunta qué es eso.

Yo me la jugué ahí”, asevera al recordar uno de los poquísimos momentos cercanos a la escritura previos a jugársela definitivamente varios años después cuando ya alcanzaba los 31 o 32 años. “La escritura apuntada a escribir un cuento, desarrollarlo y corregirlo, aparece como una casualidad a raíz de una historia que me cuenta una amiga acerca de algo que le había pasado. Me pareció muy buena, con muchos condimentos como para escribirla.” Ese relató significó el puntapié y de allí nació su primer cuento. La protagonista de la historia, su mamá y otras personas cercanas fueron su público. Todos la estimulaban a seguir y ella seguía encontrando historias. Aunque parece haber sido al revés. “Las historias me fueron encontrando a mí y la escritura se fue tornando una actividad que me seducía cada vez más”. Las ganas de escribir y contar habían llegado.

“Es una actividad que no tiene un tiempo, que puede ser encarada en cualquier momento y etapa de la vida”.

Alisa tiene 46 años y varios como arquitecta. La arquitectura es su profesión, aquello de lo que vive, su trabajo. La escritura, aunque también la define como un trabajo, es algo que le llegó con la profesión andando y la acompaña todo el día: “Yo estoy en la obra y estoy viendo cosas que sé que me van a servir para escribir algo; estoy esperando que los chicos salgan de la escuela y en el auto aprovecho a tomar una nota, a corregir; estoy en la peluquería y escribo en el celular”.

  • ¿Te gustaría dedicarte de lleno a la escritura si se presentara la oportunidad?
  • La realidad es que no estoy segura de que sea lo que quiero. Tener todo el tiempo para hacerlo puede llegar a ser muy inhabilitante, tener permanentemente la posibilidad de sentarme a escribir puede asustarme un poco porque no siempre estoy dispuesta a hacerlo. Entonces, el hecho de no poder es una limitación pero me da la libertad de querer hacerme el lugar para poder escribir. Y si dispusiera de todo el tiempo, a veces esas libertades tan amplias, apabullan. 

La escritura le apasiona, pero a la hora de elegir, no tiene preferencias: el trabajo como arquitecta lo elige, le gusta y le genera satisfacción. Escritura y arquitectura pueden convivir armoniosamente, cada una ocupando su lugar: “La escritura, al ser un trabajo de creación neta, conlleva un compromiso y un esfuerzo creativo que hoy por hoy mi trabajo como arquitecta, dentro del área en que me desenvuelvo, no requiere de esa concentración”.

El camino de la escritura no lo recorre sola. Hace 6 años se unió al taller literario de Alma Maritano. Tras el fallecimiento de la distinguida escritora en 2015, el taller continuó en manos de Pablo Colacrai y como homenaje pasó a llamarse “Taller de Escritura Creativa Alma Maritano”. Casi todos los cuentos de Alisa que forman parte del libro premiado por el Fondo Nacional de las Artes, pasaron por allí “El taller lo que hace es trabajar cada uno de los textos que llevamos quienes participamos y corregirlo. Es un trabajo que tiene un valor tremendo, es la posibilidad de tener buenos lectores dispuestos a decirte, antes que expliques qué quisiste hacer, qué se percibe de ese texto, qué deberías corregir, qué entendieron, qué gustó y qué no. Es una devolución sincera, siempre poniendo en valor el texto, no las personas.”

Recibe con gratitud las críticas y vuelve a trabajar sobre un texto infinidad de veces. Sostiene que su presente tiene que ver con el aporte del taller, de sus compañeros y que sola nunca hubiera podido alcanzar el nivel al que llegó. Estudiando a otros autores, viendo cómo trabajan los demás, intentando hacer lo que otro hizo y probando fue como lo logró. “Hay mucho de probar, de corregir, de imitar, de intentar copiar pero con el material propio. Lo de copiar lo digo sin ningún resquemor, porque me parece que está bien tratar de copiar lo que a uno le pareció que estaba bien hecho y hacer con ello algo genuino y nuevo. Si uno es honesto y trabaja con ese material que tomó y lo pasa por uno, no va a salir una copia, va a ser otra cosa.

En el 2019 su libro de cuentos “Abajo es carne cruda” resultó ganador por unanimidad del premio que otorga el Fondo Nacional de las Artes en Letras y Alisa se convirtió en la primera persona de Rosario en recibirlo, nada más ni nada menos que entre 800 postulantes. “Realmente, bajo ningún concepto esperaba ganar”. Lo vivió con sorpresa y lo sintió como un lindo halago pero aclara que le interesa más escribir que ser reconocida como escritora, y que no escribe buscando el reconocimiento. Aunque sí hay otro tipo de reconocimiento que le interesa mucho más que el de un premio. “Una vez que termino de escribir algo y lo entrego a distintos lectores, en un punto me desprendo de lo que escribí. Y de repente recibo un montón de devoluciones que me resultan valiosas porque me devuelven mucho más de lo que yo siento que pude dar. En el sentido del lector, disfruto un montón el reconocimiento. Y en el sentido de un premio, es un mimo y una alegría en el momento, después ya está”.

«Naturalmente escribo para adultos. igualmente recibí el desafío contenta».

El armado de la obra que iba a participar en el concurso, elegir los cuentos y transformar en libro lo que había estado trabajando, lo vivió como un ejercicio. Al escribirlo, en ningún momento lo hizo pensando en ser premiada, y cree que el premio se relaciona precisamente con eso: “El trabajo de escritor tiene que ser muy sincero en el sentido de lo que uno está haciendo. Es imposible o muy difícil que salga bien un libro si uno lo está escribiendo para ganar un concurso. Yo no lo escribí para ganar nada, lo escribí para que esté bien, dejé todo en cada relato, puse todo lo que sentí que tenía que llevar y después tuvo sus frutos, pero es realmente después.”


“Los invencibles”

 “Los Invencibles”, tal como sucedió con su primer cuento, surge a partir de una historia sobre algo que le pasó a una amiga. La amiga había ido a un supermercado acompañando a una amiga suya que era repositora, y al igual que la protagonista del relato, se quedó encerrada allí. Si bien esta historia le sirvió de inspiración creativa, nada tiene que ver con la ficción que creó. “En el momento de arrancar un relato hay un impulso de abrir y buscar cuál es la idea entre todas las que uno tiene dando vueltas en la cabeza. Y así, buscando, me dije ‘tengo el supermercado’. Ahí fuí y arranqué esa historia que es ficción ciento por ciento, aunque no tenga la rareza que tienen otros relatos.”

“Hay mucho de probar, de corregir, de imitar, de intentar copiar pero con el material propio».

La historia es la historia de Eugenia. En cuanto a su creación, explica que la fue armando alrededor de las propias obsesiones del personaje, utilizando una forma de mostrarla que le va dando autonomía para que el lector la pueda ir construyendo y le de vida propia, dándole credibilidad a una situación que, si bien no es fantástica, tampoco es exactamente creíble. En relación al modo de narrar, eligió hacerlo desde el punto de vista de una tercera persona cercana: “Es una tercera persona que se focaliza y que está en la nuca de la protagonista. Hay terceras personas que son muy lejanas, que ven el campo de la situación y que miran todo por igual, También hay terceras personas que caminan al lado de un personaje. En este caso, la tercera persona camina al lado del personaje al punto de que, muchas veces, por el mecanismo del indirecto libre, entra en la cabeza Eugenia, algo que no siempre, se hace.”


“Una historia de alfajores y chinchulines”

En el 2018, Soledad Casasola, coordinadora de la Dirección de Comunicación de la Ciencia -perteneciente a la Universidad Nacional de Rosario- la invitó a participar de “Cuenta ciencia”, una colección de cuentos infantiles que tienen como eje algún tema vinculado a la salud. Alisa participó con “Una historia de alfajores y chinchulines”, donde narra el dilema de un niño que quiere comer dos alfajores por día pero que se lo prohíben porque le hace mal.

  • ¿Cómo te resultó escribir para un público infantil?
  • Naturalmente escribo para adultos. igualmente recibí el desafío contenta. En un punto es bastante parecido, por lo menos en mi manera de encarar el trabajo. La historia me tenía que interesar a mí también como adulta. El lenguaje tenía que ser acorde a los lectores a los que apuntaba y había que pensar en el lector como un niño y no en un lector universal adulto. Más allá de esto no es muy distinto. En relación a la manera de escribirlo, al trabajo que le pongo a cada palabra, a cada frase, a la musicalidad, a la puntuación, a tratar de que la historia tenga un sentido, que interese, es el mismo trabajo.

Volvería a escribir para chicos si le surgen las ganas, pero afirma que le entusiasma más escribir para adultos. Aunque no descarta que sus cuentos también puedan interesarle al público adolescente, por no tener una escritura compleja, por apelar al humor y por incluir partes divertidas.


“Abajo es carne cruda”

Este libro, cuyo título es la suma del nombre de dos de los cuentos que lo conforman, fue el que la llevó a ganar el premio del Fondo Nacional de las Artes. Se compone de cuentos cortos donde la realidad se fuerza y se tuerce. En casi todos hay animales y se plantean paralelismos entre el accionar animal y humano. Abajo, hace referencia a que en todos se cuenta una historia que dependerá del lector si quiere leerla también, o si solo se queda con la historia de la superficie. “En general la historia de la superficie es llevadera, es entretenida y la historia de abajo, la que no está dicha, es un poco más conflictiva. Por eso es el título, ‘Abajo es carne cruda’, que también es la unión de dos títulos. ‘Abajo es otra cosa’, la historia de una pareja que camina sobre el hielo en un lago congelado. Y ‘Como carne cruda’, la historia de una nena que se levanta con los ojos rojos como carne cruda”

  • A futuro, ¿te gustaría enfocar tu carrera en cuentos cortos al estilo de los que venís escribiendo o te gustaría escribir textos más largos?
  • No, básicamente no enfoco mi carrera. Si se termina haciendo algo largo, será y sino no. Voy a escribir lo que quiera escribir.

Aún no sabe si “Abajo es carne cruda” saldrá con ese nombre porque está considerando cambiarlo. Cuando piensa si volvería a escribir para niños, lo duda y afirma que está abierta a hacerlo si le surgen las ganas. Escribe cuando quiere y donde quiere. Eligió escribir y eligió hacerlo con libertad, sin imposiciones. Llegó a la escritura con más de treinta años, nunca se representó la idea de que fuese tarde y se abrió un horizonte sin límites ni encasillamientos. “Es una actividad que no tiene un tiempo, que puede ser encarada en cualquier momento y etapa de la vida”. Tal vez sea por la madurez de la adultez o por la seguridad de tener una profesión anterior y consolidada de la que también disfruta, o tal vez sea simplemente su forma de ser ante la vida. Pero hay una certeza y es que lo único que rige la faceta de escritora de Alisa es su deseo de escribir.

Lucía Sánchez

Juan Ignacio Leiva

Alumnos de Segundo Año de la Lic. en Periodismo UAI

 

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