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Entrevista a Martín Sansarricq: “Tengo las mejores expectativas, supongo que solo pueden mejorar mi trabajo”

Martín Sansarricq es uno de los autores protagonistas de la edición 2020 de Narrativas Lab. Se sumó al proyecto con su cuento “El resto de las cosas que importan” y accedió a conversar con alumnos de periodismo sobre su carrera, sus proyectos, y de la relación entre la escritura y la tecnología.


El proyecto de Narrativas Lab

–   ¿Conocías el proyecto Narrativas Lab?

–  Muy poco, por arriba. Tengo un compañero que había participado (Pablo Colacrai)  y me contó cómo había sido su experiencia, pero no mucho más que eso. Me escribieron un correo a finales del año pasado pidiéndome un cuento y así fue. Después pensé que con esto de la pandemia se había suspendido todo, pero un día me llegó un mensaje de uno de los chicos de primer año y ahí me enteré que el proyecto seguía. Me parece buenísimo lo que hacen con los autores de Rosario, y que además hagan confluir distintas carreras en una práctica. Para mí como proyecto cierra por todos lados.

–   Respecto a la literatura y a los contenidos transmedia, ¿qué pensás?, ¿tuviste alguna experiencia con cortometrajes interactivos?

–   No, ninguna. Se me viene a la cabeza “Elige tu propia aventura” que es lo que uno se imaginaría que podría haber sido parecido allá en los ‘80, con un horizonte tecnológico totalmente distinto, claramente. Pero no consumí ni escribí transmedia, así que desde ese punto de vista es un desafío y está buenísimo ver y empaparme un poco del asunto. 

«Es el único cuento que tengo escrito de fútbol, aunque en realidad cuenta la ruptura de una pareja»

–   En el proyecto los alumnos que trabajan tu cuento pueden hacerle modificaciones para adaptarlo a los distintos formatos, ¿estabas al tanto de eso?

–   No, no sabía. Lo único que había escuchado fue lo que me contó Pablo (Colacrai), y era que le habían cambiado el final a su cuento. Él se reía mucho porque había terminado de una forma que jamás terminaría un cuento de él, queda como una anécdota divertida. Me parece buenísimo hacer confluir las carreras en una práctica.

–   ¿Te genera curiosidad ver el proyecto terminado y lo que hagan los alumnos con tu cuento?

–   Me da mucha curiosidad, y me halaga que haya gente laburando en algo que yo hice.  Entiendo que esto es un proceso formativo para los alumnos y partiendo desde ese punto es todo para ganar. Por otro lado, me parece que yo tengo las mejores expectativas, supongo que solo pueden mejorar mi trabajo. Es gente construyendo con herramientas diferentes a la mía y es gente poniendo la cabeza en eso. Necesariamente es algo para festejar. El resultado de cómo puede terminar esto, eso va a estar bueno.

–   Todos los años los autores dicen que nunca se hubieran imaginado a su cuento como un videojuego. Cuando elegiste enviar “El resto de las cosas que importan”, ¿algo te hizo pensar que podía encajar mejor en el proyecto que alguno de tus otros cuentos?

–  ¿Querés que te sea totalmente sincero? No. Ése es de hace dos o tres años atrás y no está publicado ni tampoco está en el libro que estoy tratando de sacar ahora. Lo elegí porque no lo estoy moviendo por otro lado, lo que no quiere decir que no me guste, es uno de mis favoritos. Tiene condimentos que son bastantes cinematográficos. Me parece que es subir un poco la apuesta porque pensé que no iban a elegirlo, había enviado uno que tenía una resolución mucho más sencilla, en cambio “El resto de las cosas que importan” es más complejo. Me parece lindo como desafío y más en este tiempo que nos tocó, en cuarentena. Me parece que cuando hay un desafío hay más chances de hacer cosas superadoras. Y por otra parte, es bien interesante ver cómo se lleva la literatura y el cine y ver cuáles son los cortocircuitos que surgen cuando adaptás un texto para ser contado en imágenes. Muchas veces la gente dice “esta novela o este cuento es muy bueno, muy cinematográfico”, y cuando escucho eso pienso “¡Pucha! Qué mala obra literaria es si tan fácil es de llevar al cine”, porque de la literatura al cine necesariamente hay una re-traducción ya que son lenguajes totalmente distintos. Y si el arte no cuenta algo en la forma específica de su arte que no pueda ser contado de otra forma, es un mal arte. Si yo escribo algo que puede ser contado en cualquier otro arte sin alguna modificación es porque yo no pegué nada en aquello que le es específico a la literatura.

–   ¿Qué tiene de especial “El resto de las cosas que importan” para ser trabajado en Narrativas Lab?

–   Es el único cuento que tengo escrito de fútbol, aunque en realidad cuenta la ruptura de una pareja. La escena nace de un partido de la Copa Libertadores, yo estaba en la cancha y cuando está por patear el tiro libre Nacho Scocco digo: “¡Mirá si alguien grita el gol antes por la radio!”, así despertó la idea. Años después nace el cuento, es increíble cómo surgen a veces las cosas. Puede ser que fracases muchas veces, pero también te llegan señales que te dicen que ahí está el cuento. Aunque quizás no es el cuento, es lo que lo termina sosteniendo. Además, que sea un cuento que tiene un partido de fútbol como escenario le agrega un condimento especial. Es importante escribir cosas partidarias en el fútbol y todavía más en una ciudad como Rosario.


Su carrera y metodología de trabajo

–   ¿Cuándo arrancaste a escribir?

–   Escribo desde siempre, de hecho en la primaria escribía cuentos estilo “Elige tu propia aventura”. De forma más sistemática arranqué cuando tenía 20 años. En esa época escribía guiones, estaba más vinculado al cine. Empecé mi formación en la escritura más estructurada con el taller de guionistas de Elvio Córdoba. Teníamos un grupo que se llamaba “El escribiente” y nos juntábamos a escribir todas las semanas. Ese fue mi primer acercamiento a un taller literario y ahí descubrí que reunirte con gente con gustos e ideas afines a las tuyas y trabajar tus textos con esas personas está buenísimo. Después de grabar muchas cosas empecé a sentir que el cine no me terminaba de cerrar del todo, me encanta, pero me alejaba demasiado de la escritura y del hecho artístico en sí. Así que me la jugué y me metí de lleno con la escritura. Igualmente siguieron conviviendo las dos cosas, siempre escribí cuentos que se transforman en guiones y guiones que se transformaron en cuentos.

«Tanto en cuarentena como en el resto de mi vida, a veces me obligo a escribir»

–   ¿Cómo es tu relación con las redes sociales?

–   Las uso lo menos posible. Más que nada WhatsApp, Twitter miro un poco y no tengo ni Facebook ni Instagram. Por cuestiones laborales, a veces tengo que hacer cosas en redes, pero perfiles personales no tengo y es algo que me suelen marcar como una falencia. Todos me dicen que debo tenerlas, pero yo personalmente siento que tengo tanto tiempo para estar frente a la pantalla por mi trabajo y la escritura que sumarle más cosas no me termina de seducir. No obstante sé que en los tiempos que corren uno si quiere hacer algo, en cualquier rama que la haga, tiene que moverse en las redes. Sé que en algún momento voy a tener que hacer un ingreso tardío.

–   De tus textos, ¿Cuál fue el que más tardaste en terminar?

–   Tengo una novela inédita que estoy peleando por editar, que me está llevando mucho más tiempo que “Fuegos en el Cielo”. A esa novela la escribí en 6 u 8 meses, en su momento pensé que era mucho pero cuando escribí la siguiente novela me llevó 4 años, me di cuenta que había sido una rara inspiración, que no era normal. Lo normal es que te lleve mucho tiempo y que te cagues a piñas con el texto. Que te cueste y que no encuentres el tiempo. Fui papá dos veces en los últimos seis años y el tiempo se me empezó a escurrir de las manos. Ahí me di cuenta que tenía más chances de escribir cuentos que novelas, por el poco tiempo que disponía para dedicarle a mis textos.

–   Cuando te pasa eso, ¿Qué haces?

–   Para escribir, desde mi experiencia, una de las cosas que te hace falta y de la que no podés escapar es tener voluntad. Tenés que sentarte a escribir y estar ahí. Siempre la mejor y única forma de escribir algo es escribiendo. Si no, es imposible. Esto más allá de que es una obviedad, es la situación de escritura donde aparecen las cosas. Yo a veces escribo de a dos o tres cuentos juntos, y los voy mechando y variando. Por ahí llego hasta un punto en que no puedo avanzar, así que sigo con otro. Que es como dicen que Faulkner escribió Las Palmeras Salvajes, son dos historias que se van siguiendo, y que cuando llegaba hasta una que ya no sabía cómo seguir seguía con la otra, y así escribió una de las cumbres de la literatura mundial. No me comparo, pero utilizo mucho ese método de escritura. Ahora estoy con tres y se me apareció un cuarto y eso salió como si nada, y los otros siguen ahí sin resolverse. Siempre pensé que era un mito el del escritor que tira bollos, si yo con lo poco que escribo, lo cuido como oro. Pero me di cuenta que es verdad, que uno está todo el tiempo escribiendo cosas que no funcionan para que surjan otras que sí funcionan. Hace poco le dije a Pablo (Colacrai), “creo que estoy escribiendo los textos que voy a escribir el año que viene”. Porque empiezo a escribir algo y lo dejo, y lo agarro al año y digo: “che, esto es por acá y puedo avanzar”. La escritura, como toda tarea que uno se toma en serio y en la cual se pone en juego uno, lo que piensa y lo que quiere, como todo trabajo que implica eso, es compleja. Y todo lo que pasa alrededor impacta. El lugar ideal del escritor sería el silencio: es imposible. Yo puedo recordar momentos donde estaba totalmente atareado y escribiendo de manera prolífera en pedacitos de días y, también, otros con mucho tiempo donde no salía ni una sola línea. No sé si hay una receta para esto. Lo que sí puedo decir es que escribir se escribe escribiendo.

–   ¿Te presionaste en cuarentena a escribir?

–    Tanto en cuarentena como en el resto de mi vida, a veces me obligo a escribir. Sé que me siento a escribir algo y el primero no va a salir, el segundo tampoco, el tercero quizás y el cuarto anda. Quizás sea lamentable, pero es así, no puedo obviar los primeros días. Tengo que sentarme el lunes, martes, miércoles y capaz el jueves sale algo y paso el finde contento. Es independiente de la pandemia. Sí me dio un poco más de tiempo, pero a la vez me sumó algún grado de incertidumbre y angustia, hay cosas que tengo que hacer que antes no hacía. Estoy escribiendo, tanto o tan poco como antes.

«El lugar ideal del escritor sería el silencio: es imposible»

–  En otra entrevista te consideraste “un pésimo recomendador de libros”. ¿Por qué? ¿Tenés referentes en la escritura que recomiendes?

Tengo autores con los que me referencio y utilizo como ejemplos en algunos casos. No recomiendo porque sé que lo que a mí me gusta de los libros no es lo que les suele gustar a todo el mundo. Son viajes míos, si se los paso a alguien no sé si es lo que les va a gustar. Me fijo mucho en el discurso, la literatura, el narrador y el personaje, para mí esas cosas son lo importante. Tengo que conocer a la persona para recomendarle un libro, me lo tomo demasiado en serio. Los autores que me gustan mucho pueden ser (Juan) Marsé y (Martín) Kohan. Todos me suman algo y a veces hasta me marean, porque son cosas que no están en mi zona. También leo tipos que hacen las mismas cosas que yo pero de una forma que no voy a poder jamás, me pasó eso con Marsé. Puedo recomendar “Últimas tardes con Teresa”. Cuando leí esa novela pensé “este tipo está jugando en mi patio, y probablemente lo haga mejor que yo”, fue bastante fuerte y quedé maravillado.

Para cerrar la nota Martín nos contó de manera anecdótica el origen del cuento “El resto de las cosas que importan”. “En realidad me habían pedido que prepare un show de títeres. Me puse a pensar que para esta obra tenía que tener diálogo. Y dije: ‘voy a practicar escribiendo un cuento que tenga mucho diálogo’. De esta manera nace el cuento que este año se utilizará en #NarrativasLab2020.

Lucas Di Nicolantonio

Camila Saraceni

Alumnos de Segundo Año, Licenciatura en Periodismo UAI.

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