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Entrevista a Damián Pulizzi: «Lo mejor de escribir, es escribir»

Damián Pulizzi es un joven escritor rosarino, autor de cuentos como ‘La contaminación de los ríos’, cuyo relato fue elegido por Narrativas Lab 2020 para convertirlo en multimedia. Pulizzi ya conoce de qué se trata ser distinguido por el Concurso Nacional de Cuento y Poesía “Adolfo Bioy Casares” y por los premios “Alma en el aire». Estamos en presencia de un enorme talento local. Acompáñennos a conocer un poco más sobre este escritor.

  ¿Qué te impulsa a escribir?

En este libro de cuentos, la motivación es la perplejidad. La perplejidad que en el fondo no es más que la cara dolorosa de la incomunicación: con uno mismo, con los otros o con las cosas del mundo. Y cuando la incomunicación o la incomprensión están referidas a las cosas donde depositamos nuestro sostén, nuestra esperanza de felicidad, duele. Por eso no es cualquier tipo de incomprensión. Es una distancia radical entre las cosas que están cerca o que pretendemos que estén cerca o más aún, que creemos que lo están. Los cuentos de este libro tienden a hacer foco en esos momentos. Pero hay algo más, cuando uno busca expresar esos momentos de una forma estética, con belleza, se produce algo que parece paradójico, pero no lo es: la comunicación de la incomunicación, de la perplejidad. Entonces se da un punto de encuentro y eso produce satisfacción. El sentir que no estamos solos sintiendo esto que no encaja, que se nos da de un modo incomprensible, y todavía hay algo más, todo cuento es una respuesta parcial a un enigma y a su vez, como es parcial y fracasa como respuesta total, saca a la luz otras preguntas, y a mi modo de ver eso también produce satisfacción porque mueve las cosas de lugar. 

«Uno no es del todo consciente de lo que contiene un cuento, de lo que carga»

 ¿Cómo fueron tus comienzos en la escritura?

– Mis comienzos fueron de búsqueda y lo siguen siendo. Y cuando encuentro una literatura que me vuelca a la vida, que me produce un sacudón grande que me dan ganas de ir hacia algo, que me conmueve, ese es el lugar donde intento profundizar la búsqueda. Ese es el circuito que me interesa o que busco: la vida en su misterio, en su intensidad que te manda a escribir y a leer y la literatura que te saca de la silla y te manda a vivir.

 ¿Qué te inspiró a escribir el cuento La contaminación de los ríos?

– Creo que no se puede explicar del todo la motivación de un cuento. Hay una parte de ese proceso de la que no tenés control y precisamente uno necesita escribirlo por eso, más bien por lo que no sabe. Uno no es del todo consciente de lo que contiene un cuento, de lo que carga. Más allá de eso creo que ese cuento lo que intenta poner de manifiesto es la rareza o la perplejidad con la que un niño o los niños a veces ven el mundo adulto, como un lugar lleno de cosas caprichosas, hipócritas, falsas, mecanismos absolutamente arbitrarios y automatizados. Los mismos niños que después cuando crecen sostienen o sostenemos las instituciones, ¿no? O sostenemos también ese lugar de adultos. Aunque también desde esas marcas se van produciendo los cambios generacionales, a nivel cultural. Recuerdo que la anécdota disparadora fue un relato que me hizo una chica, contándome que de niña cuando fue a mostrar o a quejarse con la maestra sobre un sellito que le había puesto, de un patito malo, la maestra le llenó la hoja con ese sellito. Me imaginé esa hoja, el trazo infantil y los más de veinte sellitos del patito malo. Después fíjate que nada de esa escena está en el cuento. Pero toda anécdota siempre toca un plano más profundo, una motivación más profunda, y a veces la anécdota es sólo un señuelo,  algo que levanta una motivación que ya estaba ahí, ¿no? En ese caso es la maestra la que mostraba esa actitud, pero en el cuento ya son varios los adultos que de alguna manera no por maldad sino por rutina por estar en sus propias cuestiones pasan por alto la afectividad de la nena. También sucede que este cuento se da alrededor de una situación de violencia de género. Si bien el cuento no apunta necesariamente a trabajar sobre eso, está de un modo muy evidente.

 ¿Cómo es la producción de un cuento como este?

– Tienen mucho trabajo de ensayo y error, de probar una y mil veces. Una mezcla de intuición y conciencia que se da en cada cuento de una forma distinta. Digo intuición porque hay formas inconscientes que tienen una resolución estética, como si hubiera, para decirlo de una manera: un inconsciente estético. Bueno, el surrealismo trabajó mucho sobre esta hipótesis, pero yo lo utilizo más como parte del proceso que como resultado. Porque después de que aparece y le doy lugar, lo escucho, confío mucho en esa instancia, después lo trabajo desde la unidad del cuento, y cuando hablo de unidad hablo por un lado de la tensión interna del cuento,  a través de una tensión narrativa y una tensión emotiva, pero también hablo de una ética del lenguaje. La construcción de un tono que es lo que dirige el asunto. En ese sentido hay frases o escenas que por más que nos gusten mucho o nos hagan lucir, si desentonan de aquello que vibra en el cuento hay que sacarlo, no va. Esa es una ética del lenguaje respecto al cuento. Porque implica una decisión, sacaste o dejaste afuera cosas que tal vez están muy buenas en pos de sostener viva esa llama. Un cuento es un fuego pequeño, no un incendio, y por eso hay que cuidarlo. Pero también creo que cada libro es la  búsqueda de una forma, una expresión o respuesta a una situación existencial o espiritual del escritor ante el mundo, entonces como todo se mueve probablemente lo próximo que escriba o publique intente alcanzar otra forma estética, espiritual y ética. Lo que sí creo es que esa búsqueda nunca surge de una aventura meramente intelectual, o de una idea. En todo caso la idea es una respuesta a partir de una incomodidad, de un dolor, de algo que antes pasa por el cuerpo.

«Sin embargo, lo mejor de escribir es escribir»

 ¿Tenés un estilo particular al escribir? Me refiero a un estilo definido.

– No podría yo mismo definir mi escritura en esos términos y tampoco me interesa etiquetarme en ese sentido. En este libro lo que sí busqué fue que los cuentos lleven al lector a una experiencia no sólo mental sino a una situación en la que puedan vibrar. Si no toca una fibra del cuerpo no hay cuento todavía para mí, fue así el proceso de corrección. Para eso el lenguaje tiene que estar al servicio de la historia y no al revés. No la historia al servicio de la pluma, o la inteligencia o la corrección política de quien escribe. Eso no sé si es un estilo, ponele que es más bien un posicionamiento. Mi modo de comprender y amar la literatura.

 ¿Cuál es el mejor momento que te ha dado la profesión?

– La verdad que en mí, no me gusta pensarlo en términos de profesión. Simplemente de algo que hago, qué hacemos. Y sí, me ha dado muchos buenos momentos y en varios aspectos. Sin embargo, lo mejor de escribir es escribir. Cuando eso sucede y uno siente que funciona no hay nada mejor para mí en esto.

Mateo Romero

Alumno de Segundo Año de la Licenciatura en Periodismo UAI

 

 

 

 

 

 

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