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Entre la música y la escritura

Se encuentra entre dos mundos completamente distintos. Por un lado la música, que es más fugaz y le permite transmitir cosas en el momento, pero es algo totalmente efímero. Por el otro la escritura, que le da la libertad de equivocarse mil veces, buscarle una mirada distinta y enroscarse en la privacidad de su casa, pescando ideas o simplemente esperando que surjan. El autor de “El perro” nos relató cómo es vivir entre estas dos pasiones.

Ernesto Inouye tiene 34 años y nació en la ciudad de Carcarañá. En su adolescencia se mudó a Rosario, donde reside actualmente, para realizar la secundaria. Es licenciado en letras de la Universidad Nacional de Rosario aunque se enfoca en su labor como maestro de acordeón. “Doy clases particulares, es mi sustento básico”, contó. El músico y escritor miró por la ventana, y mientras jugaba con sus dedos, explicó que si bien no se dedica principalmente a la literatura, algunas veces le surgen trabajos relacionados a la escritura o a la investigación literaria. Luego, agregó: “últimamente surgieron muchos, así que me veo un poco repartido entre las dos cosas”.

Inouye es uno de los tres autores seleccionados para participar en “Narrativas Lab”. El cuento que otorgó al proyecto fue “El Perro”. Contó que asistió a la presentación del 2017 y quedó encantado. La alegría se sentía en su voz. La idea del trabajo entre carreras, las producciones y la esencia del mismo captó completamente su atención. Cuando lo convocaron, aún sin haber decidido todavía con que cuento participar, inmediatamente le dio el sí a los profesores de la Universidad Abierta Interamericana y comenzó a tener expectativas sobre lo que harían los alumnos de Producción y Realización Audiovisual, Ingeniería en Sistemas y Periodismo en conjunto.

“Me parece emocionante ver algo que escribí en otro formato”

La cara del escritor delataba entusiasmo mientras decía:“Me parece emocionante ver algo que escribí en otro formato”. Inouye expresó no estar seguro sobre la forma que van a tomar sus personajes en cada plataforma. Se quedó pensativo unos segundos y exclamó: “El  juego no sé, me imagino algo de aventura gráficas”. Respecto al corto: “tengo una idea de cómo puede llevarse a escena”. Además, se lamentó por no poder concurrir al evento donde se exhibirán los trabajos finales debido a que estará de viaje.

Su interés por la lectura comenzó en su infancia. Siempre le gustó leer. A lo largo de su adolescencia continuó y se desarrolló gracias a algunos profesores que lo incentivaron a adentrarse en el mundo de los libros. En los últimos años de la secundaria,  descubrió su amor por la escritura y compañeros que compartían ese interés. Confesó que sus amigos fueron una parte importante en su formación, ya que con ellos intercambió diversas obras. Cuenta un tanto nostálgico y con timidez, que tenía gustos en común con su grupo, compartían la pasión por la música y la literatura. “Estaba bueno, todo muy casero y bien de amigos”, admitió.

Durante el cursado de su carrera no siempre se encontró a gusto. Con cierto pesar comentó que no lograba adecuarse al sistema universitario. ”El mecanismo de la facultad era algo muy cerrado, tedioso. No era para mí, no me gustaba la forma de encarar el estudio de la literatura”, explicó.  En muchas ocasiones incluso, sintió que era contraproducente para su inspiración. En esto también fueron muy importante sus amistades. Recordó cómo entre todos lo ayudaron a generar el equilibrio que necesitaba en esos momentos. Paradójicamente, la época en la que más escribió fue al empezar sus estudios. “Estaba todo el tiempo con una libreta y anotaba cualquier cosa que se me ocurriera”. A su vez, la facultad le brindó una mirada más crítica sobre sus producciones, y eso posteriormente provocó que escribiera menos.

“Estaba todo el tiempo con una libreta y anotaba cualquier cosa que se me ocurriera»

En sus inicios, normalmente dejaba que las ideas fluyan tanto en la música como en la literatura. Relató que en algún momento se veía en una constante recolección de ideas y escribía con un poco más de frecuencia. Siempre se sintió más cómodo con el formato en prosa, pudo haber escrito poesía en algún momento pero nos afirmó que no era su estilo, mientras intentaba recordar si en alguno de sus anotadores podía encontrar alguna de esas estrofas.

Hoy en día, el lápiz y el papel tienen un significado distinto para él: “Ya no estoy tanto a la pesca. Me siento a escribir cuando creo que tiene sentido, si no, no lo hago”. Las ideas llegan con la misma naturalidad que antes, pero ahora el escritor las trabaja de una manera diferente, las “amaza”, las da vuelta, escribe y borra, piensa, en fin, se toma más tiempo para desarrollarlas y estructurarlas. Inouye declara: “Si me gusta realmente y sobrevive la idea es porque tengo ganas de escribirlo”. Reflejo de este nuevo método es su más reciente producción, el prólogo del libro «Facundo Marull. Poesía reunida» (EMR) de Joaquín Marull.

“Ya no estoy tanto a la pesca. Me siento a escribir cuando creo que tiene sentido, si no, no lo hago”

Reveló que últimamente disfruta más leer que redactar. Manifestó ser un lector muy ecléctico: “leo un poco de todo, no me interesan tanto los textos puramente académicos sino una lectura media pasatista”. No vaciló un segundo al relatarnos, un tanto emocionado, sobre sus últimas lecturas, que iban desde abducciones hasta cosmogonías de los indígenas argentinos, y que, siguen sirviendo como incentivo para poner en marcha la imaginación y el lápiz del autor. Al respecto comentó: “me gusta investigar cosas, me interesan muchos temas. Si alguno ‘me copa’, empiezo a leer sobre eso y en base a lo leído se me ocurre algo para escribir”. Hizo una pausa y agregó: “O, capaz no”.

Al no ser una persona espontánea, escribir le toma mucho tiempo y afirmó que con la música le pasa lo mismo. “Cuando practico con el acordeón, lo voy puliendo y mejorando de a poco. Y en la escritura es lo mismo, tengo una idea y después la voy acomodando hasta lograr algo”.

A los siete años comenzó a dominar las teclas del piano que se encontraba en su casa, gracias a su madre y a las a clases a las que asistía. Dejó de tocar por algún tiempo, pero al finalizar el secundario, retomó ese instrumento. Hace siete años comenzó a entonar algunas notas en el acordeón y actualmente llegó a dominarlo en gran medida. Le dedicó varios años a la música. “Era mi actividad principal, tocaba y le ponía la cabeza más a eso”. Últimamente la literatura fue ganando terreno ya que se le presentaron algunos  trabajos, y afirmó que “ahora capaz que estoy pensando más en escribir”.

Respecto a la relación entre sus dos oficios contó que, lógicamente, las dos cosas le gustan y que a ambos intenta abordarlos de la misma manera: “empiezo ensayando algo, lo voy mejorando hasta encontrarle la vuelta”. Por lo demás, el escritor concluye que son artes diferentes, debido a que en la música tiene que concentrarse mucho para transmitir algo en el momento que después no puede modificar. “Estando en un lugar, necesito presencia”. En cambio, la escritura le permite cambiar las cosas mil veces. “Estoy en casa, es una actividad más trabada e intelectual”.

“Empiezo ensayando algo, lo voy mejorando hasta encontrarle la vuelta”

En cuanto al cuento que lo integra a Narrativas Lab, es parte de un pequeño libro titulado “El retorno de los brujos 2”, que trata de un hombre que se inserta en una ventana y emprende un viaje hasta una carretera. El mismo, relata un espectáculo, una aventura, narrada en segunda persona, en la que el lector se introduce y es el protagonista de la historia. Pancracio es el personaje principal, que funciona como guía para el lector, y en un tramo está acompañado por un perro.

El libro fue escrito con ideas y vivencias del autor. “Fui recolectando muchas cosas, escuchaba algo y lo anotaba. Eso hace que los relatos te hagan vivir situaciones diversas”, expresó. Particularmente con el “El Perro”, todo comenzó en una charla con un amigo, unas tazas de té de por medio y una ventana que lo incentivó a fantasear con la idea que da origen a este ficticio relato. Esta búsqueda de retratar vivencias personales también se ve reflejada en la locación en la que se sitúa la historia. Ese lugar era Funes, cerca de un pequeño monte, que se menciona en una parte del texto. El autor lo descubrió una vez que visitó la zona con un amigo que vivía en esa ciudad.

En lo que se refiere al armado del libro, fue algo “muy casero”. El escritor contaba con las herramientas para editar y coser, por lo que lo hizo él mismo en su casa. Elaboró alrededor de sesenta ejemplares, los cuales regaló a sus conocidos. No le interesó distribuirlos en librerías.

“No sé quién le puso ‘El Perro’, seguro uno de los organizadores de Narrativas Lab, pero me gusta”

Por lo general, los autores suelen ponerle títulos a sus relatos. Sin embargo, esta nunca fue una cuestión que inquiete a Inouye. Originalmente, el cuento no tuvo nombre. “No sé quién le puso ‘El Perro’, seguro uno de los organizadores de Narrativas Lab, pero me gusta”, dijo pensativo. “Es más, si tuviera que titularlo creo que elegiría ese”, concluyó.

El nuevo título, el contacto con los estudiantes y todo lo que engloba al proyecto, hizo que el autor viera las cosas desde una óptica diferente. “No sé cuánto hace que no leo el librito”, admitía y reflexionaba sobre las páginas que en su momento había escrito. No se sentía muy identificado y modestamente explicaba que no le encantaba su producción. Perdió su mirada en la ventana por algunos segundos, volvió a su centro y declaró cómo, a partir de todo lo que estaba pasando con relación a Narrativas Lab, empezó a revalorar y a “agarrarle cariño” de nuevo a su trabajo.

Ernesto Inouye es una persona que aspira a realizar diversos escritos, aunque no se inquieta por finalizarlos. No es alguien meticuloso, sino más bien, un hombre que llega relajado a sus metas. Del mismo modo que el protagonista del cuento, quien avanza despreocupadamente hacia adelante.

En este momento, tengo ciertas ideas que quizás son muy ambiciosas y me llevará mucho tiempo desarrollarlas. Además, tengo cuatro o cinco libros sin terminar. A lo mejor nunca escriba nada.”

 

Por: Amalia Leguízamo, Matías Guzmán, Candela Agusti, Matías Irigoin, Inés Platini, Ailén Pedrotti

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