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Los Robots y la Poesía – Entrevista a Carolina Musa

Carolina Musa habló de sus poesías, su historia, su emprendimiento de mini robots y adelantó novedades sobre su primer novela. Además cuestionó y profundizó acerca del rol de la lectura a través del tiempo y otras problemáticas propias de la escritura.                                       

Es escritora rosarina, editora, licenciada en comunicación social y artesana.

Escribió varios cuentos y poesías, entre ellos los más destacados son; Acústico,  Mariposas mutantes en Fukushima, La curva de Ebbinghaus, En el cuerpo quién sabe y Cabeza de Flor. Además participó del Festival Internacional de Poesía de Rosario desde 2011. También trabajó como editora del sello infantil Libros Silvestres, de poesías desde 2014 y da clases de lectura y escritura para niños, actividad que le resulta satisfactoria. Actualmente está escribiendo su primer novela, Taxidermia, y piensa presentarla el próximo año.

“Escribo desde que era muy chiquita y desde que tengo memoria. Me gusta inventar, hago esto por placer, es difícil explicar porqué, es que lo hago por diversión”.

Toda la vida vivió de la escritura, sin embargo en 2008 para generar un mayor sustento económico comenzó a crear marionetas con su pareja. Durante un tiempo se la podía encontrar en las tradicionales tiendas de artesanos de Bv. Oroño de los fines de semana. Mencionó que al principio lo hizo para vivir porque se había quedado sin trabajo en una situación que no se esperaba y tenía que hacer algo. Oportunamente su pareja era artesano, le ofreció el taller y eso le dio una gran ayuda. “Tenía que sacar algo de la galera e inventé esos robots y fui a la feria”.

Luego, al hablar de sus libros comentó que no busca transmitir un mensaje específico: “querer decir algo, es lo más erróneo en la literatura, cada lector hace su propia lectura” y continuó, “el contenido está bien, pero lo que importa es la forma. Para mí el libro es un soporte, con cada  libro te pasa algo distinto, cada plataforma ofrece distintas experiencias”. Mencionó que le encanta leer poesías y cuentos porque se define como una lectora muy vaga. “Leo muchísimo pero me cuesta mucho leer novelas, tiene que ser muy buena si no la abandonó”.

Para ella la poesía es otra cosa, otro ritmo de lectura, otra sensación por el cuerpo. “A la hora de escribir me gustan las dos cosas, tanto cuentos como poesías”, explicó.

Su obra “Mal Agüero” se basó, principalmente, en los recuerdos que tiene de su infancia vivida en Orán, Salta. En el mismo hay una relación entre la vida real y la ficción, lo que vivió ella y lo que viven los protagonistas en el cuento. Y tiene una importante referencia a las historias de barrio que ella conoce muy bien, que se ve tanto en los nombres de los personajes, las acciones que realizan, las situaciones que viven, los nombres propios de los lugares, y hasta la estructura del relato. También agregó: “Solamente busco datos que son reales para volcar en el cuento, solamente si es un dato muy preciso y de verdad me hace falta, sino no. Cuando escribí “Mal Agüero”, le fui a preguntar a mi hermano que es médico, como sé cuando alguien está muerto, cómo es un certificado de defunción y cosas así.”

“Los personajes que uno escribe tienen algo propio”.

comentó. Y es verdad, los personajes tienen rasgos y características muy diferentes entre sí, y a la vez interesantes. Dejan bien en claro cúal es lugar y objetivo en el cuento. Además, Carolina confesó que le gusta inventar, y eso se ve muy reflejado a medida que uno lee “Mal Agüero” y se da cuenta de esa capacidad creativa. Para ella, la gente suele preocuparse por el título del cuento, y comenta que el lector hace su lectura propia de lo que está leyendo.

También, argumentó que bajar la complejidad literaria, sobre todo, en los cuentos infantiles es un error. “Yo les leo Borges a los chicos”, explicó; así como también cuentos surrealistas y otras lecturas más complejas.

 

Opinó que tanto la escritura como la lectura era muy distinta hace algunas décadas, que se volvió desactualizada, sin embargo señaló cómo algunos clásicos perduran a través de los años resultando atemporales. ¿Cómo juntar la lógica del libro con lo digital?, se preguntó. Respondió que hay cosas que se mantuvieron y otras que se  envejecieron, refiriéndose a los libros escritos en el pasado cercano y lejano, “Eso es lo bueno de la internet, calculo que antes era más difícil conseguir la información”. Carolina participó como productora en proyectos audiovisuales, pero lamentó las dificultades que conllevan, considerando que representan una cuenta pendiente que tiene que cumplir.

Así también profundizó sobre su trabajo en una novela en proceso y se sinceró: “Nunca había escrito una novela, pero sí muchos guiones”. Siempre hace una relectura para meterse y refrescar el contenido y ver en el momento que sale. Consideró que en una novela el narrador está más relajado, se deja llevar; en un cuento no. El cuento requiere precisión, no se puede tirar datos de más o sembrar algo que después no se va a aprovechar, porque no funciona el cuento. No se tiene que decir de antemano cómo es lo que viene, ni hay que decepcionar al lector.

“Mal Agüero” es un relato que se encuentra en el libro En el cuerpo quién sabe. Refleja no sólo su punto de vista de la sociedad, sino las diferentes miradas que se hallan en el relato, describiendo las verdaderos sentimientos ocultos de cada uno. Lo de “artesana” vino a propósito de su fascinación por los libros “pop-up” que realiza de manera artesanal.

Su tarea como editora incluye no sólo el encuentro con un texto, también con quien va a ilustrar el libro.

La expansión de la editorial hacia libros más convencionales surgió de la necesidad de obtener recursos para seguir haciendo libros. Además, dijo: “En ese lugar de mediador el texto pasa por uno, que lo traduce, desde poesía a cuentos para adultos, y a los chicos les encanta. Los pibes se enganchan cuando un libro está bien escrito, cuando tiene diálogos inverosímiles se cansan, como cualquier lector, no se echan para atrás.

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